Detrás de cada biblioteca hay profesionales que la hacen posible Detrás de cada biblioteca hay profesionales que la hacen posible

El personal bibliotecario en España está preparado, pero necesita más apoyo y reconocimiento

Las bibliotecas facilitan el acceso a la información, acompañan a quienes buscan aprender y crean espacios de encuentro en pueblos y ciudades. Detrás de esos servicios hay profesionales que organizan colecciones, orientan a la ciudadanía, promueven la lectura y responden a necesidades cada vez más diversas. Sin embargo, no siempre conocemos las condiciones en las que desarrollan su trabajo ni las oportunidades que encuentran para crecer profesionalmente. Hablar del futuro de las bibliotecas también exige mirar a quienes las mantienen abiertas cada día. Conocer su formación, sus funciones y sus preocupaciones permite comprender mejor qué necesitan para seguir prestando un buen servicio a la comunidad.

Detrás de cada biblioteca hay profesionales que la hacen posible

El informe La realidad profesional del personal de las bibliotecas de titularidad pública en España, publicado por el Ministerio de Cultura en 2026, ofrece esa mirada. El trabajo ha sido elaborado en el marco del Grupo de Trabajo Estratégico de Desarrollo Profesional del Consejo de Cooperación Bibliotecaria, bajo la coordinación de Carlos Miguel Tejada Artigas. Se basa en las respuestas voluntarias de 2.604 profesionales recogidas mediante un cuestionario entre mayo y julio de 2025. Participaron personas de bibliotecas municipales, universitarias, escolares, especializadas y de otras instituciones de titularidad pública, lo que permite observar realidades laborales muy distintas dentro del sistema bibliotecario español.

Los resultados muestran un colectivo con una formación académica elevada y una fuerte vinculación con su labor, pero también con dificultades que merecen atención. Sobresalen los desajustes entre estudios y categorías profesionales, las plantillas reducidas, las diferencias salariales y la escasa valoración social que perciben muchas personas. El informe también llama la atención sobre el envejecimiento del personal y la necesidad de actualizar competencias ante los cambios tecnológicos. Aun así, la satisfacción laboral es moderadamente positiva y predomina la confianza en el futuro de las bibliotecas. Se trata de una fotografía amplia, aunque sus autores recuerdan que la participación voluntaria aconseja prudencia al generalizar algunos resultados.

Una profesión muy formada que no siempre encuentra reconocimiento laboral

Uno de los datos más llamativos es que el 90,2 % de las personas encuestadas tiene titulación universitaria. Sin embargo, solo el 32,2 % cuenta con estudios específicos en Información y Documentación, incluidos quienes combinan esa formación con otras titulaciones. Esta diversidad académica aporta conocimientos de distintas disciplinas, pero también hace necesario seguir aprendiendo a lo largo de la carrera. De hecho, el 91 % afirma haber necesitado formación continua. Las principales demandas se concentran en tratamiento documental, gestión de la información, tecnologías y atención a usuarios. El estudio refleja así una profesión que necesita combinar conocimientos bibliotecarios, herramientas digitales y capacidades para relacionarse con su comunidad.

La preparación del personal no siempre se corresponde con su clasificación administrativa. Entre el funcionariado, el 60,7 % ocupa puestos de los subgrupos A1 y A2, mientras que más de un tercio está encuadrado en C1 y C2. Además, el 36,7 % de las personas participantes considera que sus funciones no se ajustan a su categoría profesional. El informe identifica 792 denominaciones distintas de puestos de trabajo y señala que el 29,3 % trabaja en centros sin una relación de puestos de trabajo o un catálogo equivalente. Estos datos muestran las dificultades para definir responsabilidades y construir trayectorias laborales con posibilidades de promoción y reconocimiento.

Las retribuciones tampoco presentan una situación uniforme. El tramo retributivo más frecuente, entre 25.000 y 35.000 euros brutos anuales, reúne al 31,1 % de las personas encuestadas. Las diferencias son especialmente visibles en las bibliotecas públicas municipales, donde el 29,8 % del personal no supera los 20.000 euros anuales. Las cifras deben leerse teniendo en cuenta las distintas jornadas, categorías y administraciones empleadoras, sin atribuir todas las situaciones a una misma causa. Aun así, el diagnóstico invita a revisar cómo se clasifican y retribuyen los puestos. Reconocer la preparación del personal también significa revisar las condiciones que acompañan a sus responsabilidades cotidianas.

Equipos pequeños, satisfacción con el trabajo y poco reconocimiento social

La mitad de las personas participantes, el 50,5 %, trabaja en bibliotecas con equipos de uno a tres profesionales. En las bibliotecas públicas municipales, esa proporción alcanza el 70,2 %. Estas cifras ayudan a comprender por qué muchas jornadas combinan tareas tan diferentes como la catalogación, la atención al público, las actividades culturales, la gestión administrativa o la coordinación con otras instituciones. Esta variedad puede enriquecer el trabajo, pero deja menos margen para especializarse, compartir conocimientos o participar en proyectos conjuntos. Cuando una biblioteca depende de muy pocas personas, incluso asistir a una jornada profesional puede convertirse en una dificultad para mantener el servicio habitual.

A pesar de estos retos, la satisfacción laboral global alcanza una media de 3,54 sobre 5. El personal valora especialmente la estabilidad y las tareas que desempeña, mientras que el salario y las posibilidades de promoción aparecen entre los aspectos menos satisfactorios. Es una contradicción que merece atención. Disfrutar de la profesión no significa que todas sus condiciones sean adecuadas, ni la vocación debería compensar la falta de oportunidades. También aparecen señales de aislamiento profesional. El 53,2 % no asistió a congresos o jornadas durante los tres años anteriores a la encuesta. Facilitar estos encuentros ayudaría a compartir experiencias y reducir la sensación de trabajar en solitario.

El reconocimiento social es otra de las preocupaciones reflejadas en el informe. La valoración media del prestigio de la profesión se sitúa en 2,95 sobre 5. Entre los obstáculos más señalados aparecen el desconocimiento de la profesión y la imagen distorsionada de las bibliotecas, con un 81,8 %, la escasa visibilidad, con un 68,5 %, y la insuficiente consideración de las Administraciones públicas, con un 67,6 %. Además, solo el 32,1 % pertenece a una asociación o colegio profesional. Los resultados apuntan a la necesidad de explicar mejor qué hace el personal bibliotecario, fortalecer su representación colectiva y conseguir mayor respaldo institucional para su trabajo cotidiano.

Preparar el relevo generacional y adaptarse a los cambios tecnológicos

El estudio describe una profesión mayoritariamente femenina, con un 75,3 % de mujeres, y una plantilla muy envejecida. El 42,4 % de las personas encuestadas tiene entre 50 y 59 años, mientras que quienes no llegan a los 30 apenas representan el 1,8 %. El informe advierte que más de la mitad del colectivo podría alcanzar la edad de jubilación en los próximos 10 o 15 años. También señala desigualdades en la distribución salarial. El 15 % de los hombres supera los 45.000 euros anuales, frente al 10,2 % de las mujeres. Preparar el relevo y mejorar las oportunidades profesionales exige atender ambas realidades.

La tecnología aparece como un ámbito de aprendizaje y cambio, no como una razón para prescindir de profesionales. El impacto actual de la inteligencia artificial recibe una valoración media de 3,38 sobre 5, frente al 3,64 que alcanza la previsión de que sea una herramienta indispensable en el futuro. La afirmación de que el trabajo bibliotecario sigue siendo necesario pese al avance tecnológico obtiene un 4,43 sobre 5. El informe propone revisar categorías laborales, mejorar la promoción, ampliar la formación y reforzar la visibilidad profesional, especialmente en bibliotecas municipales y escolares. Su mensaje merece trascender las páginas del estudio. Para que las bibliotecas sigan respondiendo a la ciudadanía, también hay que cuidar a quienes trabajan en ellas.